La “cara visible” de un producto tiene que parecer impecable, debe estar alineada con las connotaciones emocionales que el producto quiere despertar en el cliente, para luego fidelizarlo a través de nuevas herramientas.

Pues bien, ese “marketing de la imagen” se ha trasladado hacia la presentación personal.
Los ejecutivos tienden cada día más a tratarse a sí mismos como marcas.

Tom Peters ya había alertado de este fenómeno incipiente hace años hablando del “self improvement”.

Estos ejecutivos hacen gala de su creatividad en una impronta generada desde el lenguaje, desde los gestos, desde la vestimenta y desde sus apariciones públicas.

Steve Jobs se ha convertido en un paradigma de “self improvement” habiendo desarrollado un estilo informal y desestructurado.

El experto Jens-Uwe Meyer recomienda a los jóvenes profesionales:  ‘Cree su marca, posiciónese con un perfil propio, y comunique su marca con aplomo. Se trata de hacer hincapié en el valor de uno como proveedor de trabajo. Y, si es necesario, ‘haga ruido.’

En ese “hacer ruido” hay una invitación a la diferenciación, un reto a la polémica, un estímulo a buscar llamar la atención como medio para posicionarse como individuo en el desafiante mundo corporativo. La herramienta no puede ser otra que encontrar acciones originales de alto impacto y recordación.

Igual que un producto. El producto de uno mismo.

Si bien desde el escenario de los negocios podemos ubicar como ejemplo a Steve Jobs, desde el deportivo el ícono es sin duda David Beckham y, desde el musical Madonna.

Son personajes que se han distinguido del resto, logrando un “halo de singularidad”. Los medios: además de su producción en el ámbito especifico podemos mencionar polémicas, escándalos sexuales, contratos millonarios de marketing, acciones de responsabilidad social “empresaria” (¿?) y decenas más.

La creatividad es una herramienta que puede servir a cualquier fin.
Lamentablemente.
Por suerte.
No hay contradicción en esto.

Visto en: Emprendedores News

 

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