Es difícil en esta circunstancia comportarse con la frialdad y el control que interesan. Pero, en todo caso, se recomienda:

 

No combatas las palabras del otro.

No te interesa. Eso supone llevar al otro a no escucharte y a combatir las tuyas.

No rechaces, replantea.

Es más inteligente no crear antagonismo y limitarte a plantear tus ideas sin rechazar las otras, aunque no las quieras aceptar.

 

Parafrasea y reformula.

Reformular las ideas del otro, aceptando sólo lo que compartes, no implica aceptación, pero tampoco rechazo. Es menos agresivo.

 

No digas “sí, pero…”.

¿Recuerdas tu bachillerato? “Pero, conjunción adversativa”. Te convierte en adversario del otro: le das la razón (“Sí”) para quitársela de inmediato (“pero…”). No es el mejor comienzo posible. Resulta preferible olvidarse del pero y sustituir la adversativa por una iliativa: “Además, yo añadiría que…” la cuestión no es propiciar el enfrentamiento de argumentos. Eso no supone, naturalmente, tener que aceptar los suyos.

 

Fuente: Emprendedores.es

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